La noche del 28 de noviembre de 2025 en el Fuckoff Room, en la Ciudad de México, puede una marca particular en la memoria del público que asistió al concierto de Black Flag . No sólo por el repertorio extenso que la banda presentó —un set dividido en parte A y parte B, con un breve intermezzo—, sino por la propia conversación en redes que acompañó a esta visita: ¿es realmente Black Flag esta encarnación comandada por Greg Ginn (el único miembro original activo, fundador desde 1976), o estamos frente a lo que algunos puristas califican como “una banda de covers”?
La alineación que pisó el escenario capitalino estuvo conformada por Greg Ginn en la guitarra, Max Zanelli en la voz, David Rodríguez en el bajo y Bryce Weston en la batería. Esta formación corresponde a la alineación anunciada para 2025, una de las variantes con las que Ginn ha mantenido vivo el nombre de Black Flag desde hace más de una década, operando bajo un esquema de músicos rotativos que se integran y reintegran según las necesidades de cada gira.
La foto del setlist —arrugado, con tinta gruesa y caligrafía hecha a mano— revela la intención de ofrecer un repaso amplio por el legado del hardcore californiano. La Parte A incluyó piezas como:
Can’t Decide
Nervous Breakdown
No Values
Wasted
Black Coffee
Six Pack
Depression
Forever Time
Swinging Man
Nothing Left Inside
Fucked Up
Mientras que la Parte B desplegó otro bloque clásico:
My War
Revenge
Fix Me
Clocked In
Room 13
Gimmie Gimmie Gimmie
Jealous Again
I Can See You
Louie Louie (cierre festivo)
Con cada gira moderna de Black Flag surge el mismo cuestionamiento: ¿es válido que el nombre siga activo cuando la alineación ya no corresponde a las décadas fundacionales? ¿O estamos frente a una reinterpretación viva, legítima dentro del propio espíritu punk?
En redes sociales y foros se repiten los mismos argumentos:
Algunos señalan que es un tributo disfrazado,
otros ridiculizan a los músicos que acompañan a Ginn,
otros más reclaman que esta encarnación no tiene “alma original”.
Curiosamente, casi ninguno de esos reclamos critica aspectos estrictamente musicales: ni la ejecución, ni la estética sonora, ni el desempeño en vivo. El debate gira más alrededor de la nostalgia que de la música en sí. Lo que muchos temen no es la pérdida del sonido, sino la pérdida de la imagen mental que guardan de Black Flag .
Esta visita a México abre en mi una reflexión que no es menor:
¿acaso el punk no es, por definición, cambio, ruptura, transformación?
Si el punk exige mantenerse rígido, idéntico e intocable, ¿sigue teniendo la escencia del punk?
La presentación del 28 de noviembre, me hace pensar en un desmonte de la idea de que esta encarnación sólo “repite” canciones. Lo que ocurrió en el Fuckoff Room fue una apropiación del repertorio, no una imitación. La voz de Max Zanelli aportó un aire nuevo, una fuerza distinta que no intenta replicar voces pasadas, sino reinterpretarlas desde su propio carácter. Lo mismo ocurre con David Rodríguez y Bryce Weston, quienes suman sus estilos al peso histórico del catálogo sin traicionar su esencia.

Más que una simple ejecución de clásicos, el concierto se sintió como una relectura, una actualización necesaria para un nombre que lleva casi cinco décadas en circulación.
También me pareció que el recital esta mas enfocado en las nuevas generaciones, un cambio escénico para quienes desean conocer el punk que lucha, que se pregunta, que pelea y que crea fundamento.
El purismo, visto desde un ángulo emocional, suele nacer de la nostalgia. De ese apego que impide aceptar que las bandas envejecen, cambian, rotan, mutan. Pero si algo demostró esta alineación en México es que, cuando se deja a un lado la rigidez y se escucha lo que realmente ocurre sobre el escenario —la energía, el sudor, el slam, los gritos, la conexión inmediata—, la experiencia puede ser tan legítima como las versiones “clásicas”.
Quienes estuvieron allí, quienes saltaron, corearon y golpearon el suelo con los pies, probablemente tengan una opinión distinta a la de quienes descalifican desde lejos. Y esa diferencia termina respondiendo, por sí misma, la pregunta central:
Sí, este es Black Flag .
Distinto, mutado, reconstruido… pero vivo, en esencia, fuerza y fundamento.
Y si el fundamento no muere, Black Flag sigue vivo.


